lunes, febrero 26, 2007
Por: Helios Mar
Belleza
15 de mayo de 2000
Conozco una mujer, me gusta, me atrae, me importa
cuando la veo todo cambia,
se torna distinto mi alrededor
el aire que respiro huele a ella,
el cielo que observo esculpe su rostro con las nubes;
se esfuma y vuelve a aparecer
si me sonríe, lloro de alegría
si me habla, sus palabras se convierten en melodía interminable;
creo que es ella otra vez,
imagino el futuro que me aguarda con o sin ella,
Dios que bella es..
MOMENTO
Los momentos son eternos
la vida los cristaliza,
no hay instante en la mente
que no se grave por sentimiento,
no hay sentimiento más bello
si el corazón sigue latiendo,
tu, y esos momentos
son el manantial de mi pensar,
así como lo seguirás siendo
hasta el resto de mi eternidad.
lunes, enero 29, 2007
Por: Hugo Castaño Hernández. Abogado, Investigador, Catedrático, Escritor, Maestro, Poeta y Periodista nacido en Anorí, Antioquia, el 13 de Abril de 1949. Sus padres: Pedro José y Carmelita. Fue Profesor de Idiomas, Historia y Filosofía en Anorí, Remedios y Sabaneta, Antioquia. Fue Rector en Remedios y Director de Núcleo Educativo en Yolombó, Antioquia. Actualmente trabaja como Abogado en
EL MÁS FELIZ
Bogotá, Agosto 6 de 2005
Hay veces que me hundo en mis adentros
En busca de esperanzas o canciones
Mientras duerme taciturno mi silencio
O mientras pongo un silicio a mis pasiones.
Rujo como un león mientras acecho
La presa del dolor y la nostalgia.
Y miro alrededor casi deshecho
Y lleno de recuerdos y de magia.
La magia del ensueño vaga sola
Como solo voy yo con mi esperanza.
Se marchita una ilusión que me devora
Y un deseo incontenible que me alcanza.
El deseo por amarte hoy no resisto
Y como un puñal en mi pecho está clavado.
En soñar con tus besos yo persisto
Y en amarte para siempre enamorado.
Y en ese silencio sutil yo voy soñando
La esperanza feliz de ser tu dueño.
Si quisieras Mujer seguirme amando
Yo sería el más feliz yo con tus sueños.
COMO HAS SOÑADO
Bogotá, Agosto 02 de 2005
Hoy es un día de silencio, de esperanza.
Hoy mi alma suspiró tantos recuerdos.
Hoy le canto al dolor y a la nostalgia
Mientras pienso en el ayer lleno de besos.
De caricias un ayer eran mis sueños
Y de esperanzas abiertas mi futuro.
Yo esperé de un amor siempre ser dueño
Y entregarle con pasión un amor puro.
Pero el amor muchas veces tan esquivo
Y otras veces como fácil lo encontramos.
Sin embargo mi dolor sufriendo vivo
Por no hallarte mujer como soñamos.
Y si te encuentro en el silencio que conllevo
Yo feliz viviré siendo tu amado.
En tus brazos soñaré todos mis sueños
Y los tuyos serán como has soñado.
A ELLA
Medellín, Mayo 12 de 1986
Ella, al leerlos sabe para quién escribo!
Mis versos son el estilo de mi alma.
Y cuando ellos dicen lo que vivo
Siento en mí mismo la quietud, la calma!
Pero una vez la vi, la amé y le hablé,
Y... nada más. Tuve que esperarla muchos días.
La amaba, la esperaba y la miraba. Aún no era mía.
Y sus labios besé con toda el alma,
Lentamente descubrí su cuerpo, núbil como ella.
Y después de entregarnos nos amamos....!
Y hoy como ves, ya soy su esclavo.
domingo, enero 21, 2007
Por:Alicia Cabrera
Miembro del Círculo Independiente Ñ de escritores
http://www.circuloindependiente.net
Ilustración: "Arbol al ocaso" - Oleo sobre tela - Nicolás González Gutiérrez
Nunca consideró que aquello podría suceder pero pasó. Caía la tarde, una hermosa tarde de otoño, su estación preferida. Sentada en un banco del parque como todas las tardes desde que le había conocido, recordaba lo acaecido los últimos años de su vida.
Ahora podía pensarlo sin prisas, repasar lo vivido, la soledad de los años la cercaba y era una manera de escapar de ella. Se rendía una y otra vez al recuerdo de aquella historia de pasión, que por otra parte, siempre le había parecido irreal para los tiempos que corrían. Un amor que la había despertado del letargo en que se había convertido su existencia, que le había dado las alas precisas para ser ella misma.
Siempre creyó que había sido feliz en su matrimonio, hasta que un día se encontró con un divorcio que la cogió por sorpresa, su marido había encontrado otra más joven, más escultural, más tonta. Ahora llevaba seis años de soledad no buscada, al final terminó acostumbrándose a ella.
Aborrecía el trabajo que tenía aunque no le quedaba más remedio que soportarlo. No tenía familia, ni hijos, él nunca quiso tenerlos y ahora podrían haberle hecho compañía. Llegó a la conclusión que hubiera sido una forma de posesión, unas redes de las que él no habría sabido escapar y así accedió a sus deseos de no tenerlos. Siempre pensó que era lo único que echaba de menos.
Pero para llenar ese vacío y algunos otros de los que no era consciente, se sumergía en la belleza que le rodeaba. Era lo único que la hacía sentir que estaba viva, sentarse en el rincón que había elegido en el parque del Retiro a leer poesía, a escribir sus pensamientos, sólo para ella. Nunca mejor definido el nombre de su lugar preferido: El Retiro, era su refugio aún a la vista de todos.
La belleza de la música era su tesoro, siempre que podía acudía al Teatro Real pero nunca a los estrenos, era muy difícil conseguir entradas y, hacer largas colas para ello era algo que con los años ya no podía, aunque se perdiera lo más placentero de ellas, ir a la churrería del pasaje de San Ginés a por unos deliciosos churros para hacer más corta la espera.
De esas largas colas había logrado algo bueno, había trabado amistad con uno de los empleados del teatro y éste le dio la solución para entrar sin hacer colas. Le dijo que fuera siempre cuando asistía el cuerpo diplomático y a una señal suya entraba con los demás, así consiguió ver muchas obras que no hubiera podido disfrutar. Con el tiempo hizo buenos amigos que le abrieron las puertas para conocer los entresijos del Teatro.
Quizá, simplemente era porque el marco era el más adecuado para conocerse, quizá el momento era el elegido por el destino para encontrarse. Quizá, porque Tristán e Isolda era la mejor música posible para esa noche, la cuestión es que fue una noche inolvidable.
Su marido nunca la acompañó al teatro, ese era un placer que aunque había intentado compartir con él, nunca entendió. Así que descubrió que asistir sola, sin nadie que la molestara, era uno de los momentos que más goce le producían.
Pero esa noche, al coincidir con aquél caballero, decidió que podía ser una buena compañía y, le propuso que se sentaran juntos. Su común amigo se las arregló para que eso fuera posible, y así pudieron hacerse compañía.
Fue una noche mágica, quién sabe si por la música, tal vez por la novedad de tener a alguien a su lado que compartiera la belleza, que supiera deleitarse y participar de los mundos a los que era capaz de trasladarles.
Salieron del teatro satisfechos del concierto, había sido muy bueno y no paraban de conversar sobre ello. Resolvieron prolongar la charla tomando algo caliente en el Café de los Austrias que se encontraba muy cerca, y no platicaban de otro objeto que no fuera la música.
Él la había estudiado en toda su profundidad pero que no se refería sólo a una buena o mala ejecución de la partitura sino al concepto mismo. ¿Qué era realmente la música? Según los sufíes a los que había estudiado en todas las ocupaciones de la vida en las que la belleza ha sido la inspiración, hay música. No debía tomarse como un entretenimiento o un pasatiempo, “sino como el arte más sagrado de todos, porque es aquello que el arte de pintar no puede sugerir, aquello que la poesía necesita explicar con palabras, y que cuando el poeta no puede expresar se puede hacer con música”*. Ella le miraba atónita de tantas cosas que sabía y que le estaba revelando.
Sólo había un inconveniente y es que él estaba casado y con dos hijos ya mayores. Se había casado porque en aquella época era la mejor chica que había encontrado, pero se había equivocado. Él no era del mundo corriente, era demasiado sensible para lo que le rodeaba. Debió ser músico, tenía talento para ello, en su juventud había sido un buen pianista e incluso había compuesto algunas obras que había llegado a tocar en algunos locales.
Pero se dejó llevar por las decisiones de su padre que le aconsejó que lo mejor para ganarse la vida era ser ingeniero industrial y así lo hizo. Consiguió un buen trabajo en una multinacional, tenía una familia tradicional y una vida normal. Pero él nunca había sido normal y nunca lo sería. Su mujer era de las que jamás se preocupaba más que de las revistas del corazón, de los trapos y de exigirle dinero para vivir sin hacer absolutamente nada. Ni siquiera compartía con él sus pasiones, le decía que era un loco soñador y se convirtió en un solitario. Se refugiaba en su música, en su poesía y la sabiduría de las diferentes religiones del mundo. Las había estudiado todas en búsqueda de la verdad, y concluyó en recoger de cada una de ellas lo mejor y construirse su propia verdad.
Llevaba años sin tener relaciones con su mujer, ni siquiera dormían en la misma habitación, pero a pesar de ello no era mujeriego. No le faltaron oportunidades, en cualquier sitio las había y alguna vez lo había intentado pero cuando llegaba el momento buscaba alguna excusa y se marchaba. No podía, no por el remordimiento de serle infiel a su mujer, sino porque aunque eran mujeres bellas, no tenían nada más que el exterior.
Pero con Andrea era diferente, se había enamorado de su alma de artista, de su sensibilidad, luego de su físico. Ella era atractiva y la alegría que era estar con él le había devuelto la luminosidad a sus ojos verdes.
Siempre fue sincero con ella, desde el principio supo que estaba casado, pero a ella no le importó, por fin había descubierto lo que se dice tantas veces y que es muy difícil en la vida, un alma gemela. Alguien capaz de entenderla, de disfrutar de las mismas cosas y de amarla sin condiciones y, sin condiciones ella se entregó. La pasión surgió entre ellos de la misma manera que fluye la música en el interior de una cascada, suave, armónica y constante.
Vivieron años de auténtica placidez y armonía hasta que él por fin consiguió el divorcio. La ceremonia de su boda sólo fue un trámite burocrático para que ella no quedara desprotegida en la vejez, porque en realidad se habían casado un 5 de mayo de aquel año en el que se conocieron. La estancia era sencilla, porque Andrea era una mujer sencilla pero que necesitaba de la armonía a su alrededor para vivir. Estaban solos, no necesitaban a nadie, ni testigos ni papeles. Sólo la música, una mirada de consentimiento y nada más que la pasión que les inundaba.
Ahora ella lo recordaba sentada en su banco del parque, él ya se ha ido y pronto se reunirán. Caía la tarde, una hermosa tarde de otoño, su estación preferida.
*La música de la vida. Hazrat Inayat Khan
© Alicia Cabrera
(10 septiembre de 2006)
lunes, enero 08, 2007
Por: Rol-on Norsan
Le dije al agua
qué hacía con tantas estrellas
y me ha respondido
que estaban sedientas.
A las estrellas
que por qué el rocío
y me han respondido
que a ruborizarse
habían subido
Y al mar le he preguntado
por qué tanta esperanza
y ha respondido que en tierra
estaba encallada.
Y a las flores
a qué había bajado el cielo
a hacerse pequeño.
Finalmente he interrogadoa mi alma:
¿qué haces con las estrellas y el rocío
con el mar y la esperanza,
con el cielo y las flores
con el agua?
Y me ha respondido:
Estoy enamorada.
viernes, enero 05, 2007
Un sol diferente en la mañana…
Por: Nicolás González Gutiérrez
Cientos de rayos de un sol que hasta ahora empieza a elevarse en el cielo, se cuelan juguetonamente por la ventana y me despiertan del sueño pesado y difuso del año anterior. Un nuevo aire se respira a cada segundo, purificando los pulmones con ilusiones nacientes como semillas sembradas en un fértil terreno que ansía transformarse en un campo lozano y colorido.
Ataviado todavía de una pereza mañanera corro la cortina y me deleito con la vista que tengo; reboso mis ojos con las hectáreas de papel virgen y diáfano que se extienden hasta el infinito esperando a ser escritas, a ser labradas con las herramientas de tinta; miro el cielo y siento un inmenso júbilo de saber que en aquellas nubes colmadas de sol, trabajan los soñadores de las artes y del alma en nuevas expresiones que darán a conocer al mundo entero aventándolas en la brisa que llega a todos los rincones.
Es un nuevo año, una página más del manuscrito de mi vida; no puedo negar que esto me trae un poco de nostalgia. El año anterior, se ve tan lejano que cuesta creer que apenas hace unos días todavía firmaba los poemas y los cuentos con una cifra que ahora hace parte del arrume de números finados en la bóveda del pasado. Pasaron los segundos y las horas acarreando en sus espaldas triunfos y reconocimientos que parecían utopías en tiempos del ayer. Fue un año lleno de sucesos y trajines en lo personal, en lo académico e incluso en lo laboral.
Parece que mis palabras fueran las de una persona que tiene una trayectoria de vida llena de experiencia, pero no, mis frases resultan ser tan ingenuas y tan incompletas como las de un infante que cuenta sus hazañas en el juego del día anterior. Lo que sucede es que tengo la costumbre de trascender las cosas por más que estas sean triviales. No puedo hacer absolutamente nada para remediar ello; me gusta escribir, mi corazón bombea más tinta que sangre y esto hace que vea en los pequeños detalles, los más grandes universos.
Para muchos el cambio de año es algo banal y sin mayor importancia, es sencillamente el transcurrir de una noche y la llegada de la alborada, pero para muchos (porque se que más de uno piensa lo mismo que yo) el cambio de año es un suceso extraordinario. Así como la nueva luz puede renovar viejas tristezas y mantener el corazón en una pesadumbre rutinaria, también puede ser presagio de gratificantes fenómenos. De cualquier manera, la llama que con su desaparición da paso a una nueva hoguera hace mella en el pecho de las personas.
Yo siento que este 2007 es la puerta que puede ser abierta para recibir cualquier tipo de sorpresas. A lo mejor es la corriente de inspiración artística que por momentos nos abandona para ir a dar la vuelta al mundo y regresar con nuevas y fantásticas ideas para nuestro deleite y producción. O puede también ser la apertura de una vorágine de conocimiento, de academicismo, de formación para la vida. O sencillamente puede ser el arcano que muchos esperamos nos revele paulatinamente el destino. Cualquier cosa puede ser, los dados de la vida pueden dar muchas vueltas antes de exhibir la cifra de lo que viene.
Y aquí estoy, mirando por la ventana, desvariando como siempre, pensando en todas las locuras que he de escribir, en todo lo que he de pintar y todo lo que he de actuar en este año incierto que mueve los hilos de mi cuerpo de marioneta de la existencia en un sol diferente…
sábado, diciembre 30, 2006
Tu nombre (Madrid)
Por: Alicia Cabrera. Nació en Tenerife (España) en 1966. Es historiadora pero se dedica a la archivística y a la biblioteconomía. Pintora autodidacta, soñadora incansable y amiga del romanticismo en lo literario y artístico.
Ilustración: "Atardecer" - Oleo sobre tabla entelada (21x21) - Alicia Cabrera
Nota: Al ser mi buena amiga Alicia la última autora en publicar en este año 2006, era inevitable que yo cruzara el velo hermoso de su texto y su pintura con unas cortas palabras. Conocí a Alicia en la autopista virtual hace ya 2 años en un foro literario y apenas leimos nuestras letras mutuamente, sabíamos que seríamos amigos separados en la distancia pero unidos por el alma; desde entonces hemos construido un hermoso vínculo que consolido hoy aún más en este espacio de "El Cuerpo del Arte" que quiero compartirle. Alicia nos acompañará con sus letras y sus pinceles de hoy en adelante mostrando que la lejanía no es una barrera para el arte. Nicolás González Gutiérrez
Café de los Austrias, una tarde de mayo
la fina lluvia cala las calles de Madrid.
Una mirada enamorada a las formas que le rodean,
un café vienés colmado de espuma
que unos graciosos bigotes
en su boca dibuja.
Tu mano tibia la roza suavemente,
el cariño te transforma,
te convierte en ilusión desbordada.
Un amor cálido,
murmullos musicales ascienden
desde las calles transitadas.
dócilmente entre sus labios
no queriendo separarse de ellos.
Como dos amantes
a punto de distanciarse, sin quererlo,
recorres los aires de la mañana
antes de la despedida.
¿me quieres?
Cómo no habría de quererte
si aquella noche sorprendente
hollaste mi piel acerada,
y tus verdes ojeadas hacen
que mis añejas piedras revivan
como posesión desenmascarada.
Ella queda en silencio,
en sus pensamientos
sólo un deseo…el regreso.
Otro mundo es posible,
cerrando los ojos repasa,
escucha, huele,
graba en su mente
la fina forma de la brisa,
no quiere olvidar nada.
Allí rodeada de extraños,
en el tráfago de las calles,
mira con pasión
las siluetas de tu arquitectura animada,
…el regreso no se hará esperar.
martes, diciembre 12, 2006
Aforismos
Por: Aldemar Ramírez Cuartas. Nacido en Sevilla Valle y Radicado en Palmira desde edad temprana, Bachiller del Liceo Moderno y Tecnólogo de
Ilustración: "Es absurdo todo aquello que no haz hecho aún amando con verdad" - Carboncillo sobre papel- Helios Mar
MELANCOLIA
CANTATA EN MI
ALEACIÓN No. 1
VENIA BENDITA
Rendirse, totalmente de rodillas al amor, no es rendirse. Es... hacerle una venia al amor.
LLAMARADA
Hay juegos tan peligrosos... que podrías terminar siendo consumida... por tu propio fuego, por tu propia llama.
viernes, diciembre 01, 2006
Poemas
Por: Helios Mar
Ilustración: "EL AMOR COMO JUEGO DIVIERTE, EL AMOR COMO REALIDAD HACE FORTUNAS" - Carboncillo sobre papel. Tomado del libro "Imaginación Poética"©
Sentimiento
Junio 9 y 10 de 2002
Nace una esperanza
que ilumina mi alma,
nace un sentimiento
que engrandece mi corazón.
Es a ese sentimiento
que quisiera llamarlo amor,
es a ese corazón
al que quisiera adorarlo yo,
adorarlo como los dioses de la naturaleza
amarlo, respetarlo, consentirlo
y por siempre no causarle ningún dolor.
Es a ese sentimiento
naciente y divino
danzante y armonioso,
sonriente y musicalmente atraído por el imán de nuestra mente,
andante e inclemente.
Es a ese sentimiento impaciente
donde desembarco
mis sueños ilusiones y esperanzas,
anclando en lo profundo
la atracción y el deseo de esa magia
barco velero o canoa
donde naufrago ahogando mi dolor.
Es a ese sentimiento
despertado por tu sed de mujer
donde quisiera navegar
con rumbo y un destino
que jamás habríamos de esperar
Es a ese sentimiento
de almas gemelas
donde moriríamos
sin saber lo que es intentar, sentir y experimentar.
Es a ese sentimiento
que quisiera adorar
diosa mujer, alma de mi realidad.
Una noche pensé
Es Belleza, 5 octubre De 2001
Es una sensación en mi boca
la saliva que me trago
sabe al vino tinto de tus labios,
aunque no he podido besarlos
creo haberlo hecho en muchos de mis sueños,
observo a ciegas
la manera de degustar la fruta del pecado
verde, blanca, roja
dulce, amarga y simple,
se pierde en tu mente
el sentido de saber
quienes somos tu y yo...
Cartas
Por: Nicolás Rodríguez Páez
CARTA DE NAVIDAD
Al solo tener la nada alrededor, las formas y colores se deforman. El vacío y el dolor me aquejan y mi llanto se hunde en los confines de la soledad.
Le digo a la vida (o la muerte) que me permita sacar esa ilusión inconfesable, pero ella me da la espalda y se marcha lejos de mí.
Así, en mi desamparo te observo en lo ajeno y me muero en el recuerdo. Con la espalda ensimismada y con las rodillas en el suelo doy un último adiós antes de ir y habitar el averno. Adiós…
CARTA DE UN BIPOLAR
Te siento en mis pensamientos; ellos te rodean y se mueven en cada uno de tus alientos. Pero se que no estas ahí para mi y yo, como siempre permanezco siendo tu sombra, mudo y con mucho que decir. Por eso he decidido escribirte para expresar todo lo que no se ha pronunciado: te amo y te quiero, concédeme el deseo y se parte de mí.
Quiero que me odies y me mates en cada uno de tus silencios. Quiero ser parte de ti, ya no como una sombra muerta sino como una voz, una palabra o una caricia. Aquí he decidido entregártelo todo en la inmensidad de un sólo gesto, hecho y pronunciado entre las hebras de tu nombre, entre las que también residen todas mis fantasías, mis alegrías y mi melancolía.
Te extraño aunque en verdad nunca estuviste, te quiero aunque sólo seas una máscara. Aquí estoy, una sombra y una vida. Decide y juzga el final, pues ya puse de mi parte; sólo falta tu última palabra, escógela sabiamente, te estaré esperando.
martes, noviembre 28, 2006
Fragmentos de VidaPor: "Animah"
Foto: "El deseo de la mujer"- Oleo sobre lienzo - Nicolás González Gutiérrez
Permitir que la memoria active aquellos “yo” que creíamos muertos, que nos miren a los ojos y nos recuerden todo lo que significó vivir un amor en libertad. Permitir que la certeza absoluta, sobre la imposibilidad de este amor, se rompa, a través de una pequeña fisura, que no es otra cosa que sentir que mi cuerpo reacciona, frente a las palabras del otro. Permitir que todo esto ocurra, en instantes que se imponen, a los cientos de días de ausencia, borren el pasado y te trasladen a un eterno presente.
Hace días que su imagen se enreda en mi cuerpo y en mi alma, como una segunda piel…
De nuevo emerge la imagen de la amazona y de la orfebre. Quizá ahora, ya no disociadas como antes, sino en una extraña alquimia, que las funde y produce algo nuevo. Hoy me despertó este cuerpo a gritos. Hoy me despertó un cuerpo que si bien reconoce su ser guerrero, también sabe de su capacidad para estar en el mundo, dispuesta para el amor. Hoy la amazona, la guerrera, reclama su lugar, no para destruir, sino para luchar por el amor…
Ayer asistimos al ritual por los niños, que murieron a propósito del atentado al Palacio de Nariño. Después de este ritual en el cual miles de habitantes de Bogotá nos unimos para rechazar la muerte de niños y niñas, involucrados de manera absurda en este conflicto, me sentí vacía. Las lágrimas afloran hoy con facilidad y un profundo sentimiento de rabia y al mismo tiempo de ternura, me invaden. Rabia por la impotencia que sentimos frente a esta violencia sinsentido y devastadora, ternura al recordar, los cientos de niñas y niños que ayer cantaron por la vida ¿cómo salir de este momento demencial y destructor? Y de pronto recuerdo un fragmento de Antígona cuando exclama, en Tebas frente al cadáver insepulto de su hermano Polineces: “No he nacido para compartir el odio, sino el amor”.
Esta guerrera efímera, cuya pasión conozco.
Esta amazona ambigua, cuyo temor me asusta.
Acaso no está siempre, acechando mi vida,
¿Arrojando destellos de incertidumbre y muerte?
domingo, noviembre 26, 2006
Estados Pigmentados
Por: Nico Almalgia
Tengo maquillada la cara. Mi oficio es hacer reír a la gente cueste lo que cueste; a veces a los niños, a veces a los grandes, pero siempre la finalidad es arrancar una sonrisa irónica y cruel a sus rostros sedientos de burla. Día tras día, con una faena que comienza en las mañanas que ven mi despertar sumido en amargo gesto, saco los pinceles despelucados, algunos al borde de la calvicie y esgrimo sobre mí, la condena de la mofa eterna, sacrificio por el entretenimiento ajeno.
No entiendo en qué momento esta sonrisa estúpida y plastificada se apoderó de mi rictus. Siempre fui una persona común, ni amargada ni alegre, que reía cuando debía reírse y que callaba cuando debía callarse. Tampoco fui persona de muchas compañías, procuraba la tranquilidad de la reflexión y el éxtasis de una buena conversación con selectos interlocutores con los que hablábamos de temas varios, desde banalidades cotidianas hasta política e incluso bellas artes.
¡No se en qué minuto del reloj que controlo minuciosamente perdí el control! Parece como si una amnesia espontánea me hubiese nublado por completo en algún punto de mi vida. Si, es cierto que en ocasiones caía presa de una desazón inexplicable, pero siempre emergía de ella triunfante, blandiendo una lucidez y una racionalidad excepcionales. No se cómo ni porqué me vi de un día para otro vestido con atuendos rebosantes de color, con la cara empastada de pintura para mimos, riendo escandalosamente y sonriendo como si la vida fuese una eterna burla; no se, a lo mejor lo hice en un brote desesperado por salir de alguna crisis sin solución y en el intento, perdí definitivamente la razón.
En pocas palabras, no se cómo terminé siendo un payaso; el pasado a estas alturas del viaje no interesa porque ya SOY UN PAYASO y esta condición es definitiva.
Sin más quejas, procedo a contar lo que quiero contar. Anoche, como si se tratase de una pesada broma del universo, el grasoso maquillaje no quiso desprenderse de mi rostro. Por más que ejecuté el tedioso ritual una y otra vez, el pigmento no quiso ceder, por lo tuve que resignarme a vivir con cara de payaso para siempre. El panorama se tornó angustiante: Ya no tendría siquiera un momento para ser lo que alguna vez fui, ahora la malvada sombra de la risa vacua estaría conmigo a cada instante sin descanso.
Anoche comencé a sentirme más triste de lo normal, la payasada ya no tuvo ninguna gracia. Empecé a hacerme a la idea de que sería un ser de eterna risa sin sentido, un retrato de una felicidad esfumada por el viento. Empecé a sentirme un cuerpo sin alma que deambularía por el mundo sembrando alegría sin probar siquiera un poco de esta. El maquillaje sería una farsa insomne, un fantasma sin descanso que me asolaría la existencia de sol a luna y de luna a sol, haciéndome cargar una cruz de risa a cuestas. Anoche fue el aliento postrimero de mi cordura.
Esta mañana, sin necesidad de ataviarme de colores y ridículos ornamentos, salgo de mi lastimera posada corriendo. Corro, empiezo a correr sin importarme por dónde voy. Sólo quiero correr por las calles, por las nubes, por cualquier lugar donde no tenga que ver y escuchar una sola risa más, porque ya estoy harto de esa mueca insulsa que me está encalambrando las mejillas. Corro intentando sudar esa felicidad grasienta que se aferra a mi piel como un náufrago en altamar que se agarra de cualquier cosa para mantenerse a flote. Corro sin detenerme y en la carrera me agobian preguntas existenciales, de esas que inducen a los hombres al suicidio, ¡qué ridículo! un payaso estremecido por preguntas existenciales.
Para suerte mía, el maquillaje ha comenzado a ablandarse gracias al efecto purgatorio del sudor. Luego de muchas horas de correr sin rumbo llego a una casa vieja y destruida. Un impulso me obliga a treparme al techo susceptible de caerse. No se porqué, pero esta casa me es incómodamente familiar, lo siento a medida que asciendo con dificultad. ¡No importa, no importa, lo relevante ahora es trepar, trepar para sudar! ¡Todo lo demás no interesa, la vida de un payaso es trivial!
Encima de la casa encuentro un agujero que deja ver el interior. Ahora se porqué me resultaba conocido el lugar ¡Es mi casa! ¿No es gracioso? He corrido en círculos durante horas sin darme cuenta. Tal parece que todo lo que hago desde que me volví un payaso es ajeno a mi razón; es como si una especie de estado esquizofrénico camuflado en un traje luminoso diera cuenta de mis acciones.
Lo que se ve por el hueco es mi habitación, simple, desvaída y taciturna. Desde que permanezco maquillado, todo se ha hecho desconocido, y eso que sólo ha transcurrido una noche. Entro a hurtadillas por el diminuto espacio y me desgonzo abatido en la cama. Las lágrimas se unen a la procesión de sudor que desciende por las curvas de mi cara. Al mezclarse ambas sustancias salobres, el maquillaje emprende su silenciosa y solemne retirada.
La escena de mi condena no fue más que una alucinación de un sujeto solo y amargado, que quién sabe cuántos otros delirios ha vivido. Ya no puedo confiar ni siquiera en mis recuerdos, porque ellos también me han hecho la chanza y se burlan de mí como un payaso. ¿Habré nacido payaso o me lo habré inventado? ¡Qué gran actuación, muy convincente!
La tristeza se encarga de diluir incluso las fachadas que el hombre impone a su vida…
sábado, noviembre 18, 2006
Poemas
Por: Luis Edilberto Ramírez Alfonso. Nació el 23 de abril de 1981 en Bogota( Colombia).
Algunos de sus poemas aparecen en el libro “Ciudad hecha palabra”.
FIEBRE
Con la fiebre el delirio
Figurillas ruborizas
se desdoblan en piernas
con colas y cascabeles
agitándose detrás de los párpados.
La fiebre es de los amantes
El delirio de la poesía
no hay poesías sin grandes senos,
ni amantes sin largas letras
¿Y que?
Pronto la fiebre baja
y yo me bajo sudando
de las ya dormitadas letras.
GUERRA
¿Piedra, papel o tijera?
-Piedra-
-tijera-
¡¡Perdí!!
¿Piedra, papel o tijera?
-Papel-
-Tijera-
¡¡Perdió!!
¿Piedra, papel o tijera?
-Pistola-
-Tijera-
¿Pistola?
¿De donde saco usted pistola?
-En tiempos como este,
se consiguen por doquiera-
¡¡Perdimos!!.
ACUDO AL MAULLAR
Escucho un maullar, acudo a tu risa, a tus finos bigotes, húmedos de fina espesa nívea láctea; acudo minino a tu paladar exquisito de pavo, pescado, menudos manjares; acudo a tus fibras aromáticas, a tu áspera suavidad, entre lechos de plumas y algodón. Acudo a tu ternura afilada que contrae mi pálpito para dejar tus banquetes y tu trono, minino, acudo a tu nombre y nada más, no queda tiempo, ahora escucho un llanto, acudo a tu desamparo, a tu piel rosadita, es un niño en la calle que trina y se muere de hambre, de frío y de tanta ajena ignorancia.
Atenaza
Por: Mariana Garavito Posada
Entonces de repente el corazón desprevenido fue atenazado por las gélidas pinzas del dolor... y dolía... ¡demonios, como dolía!... la tensión aumentaba a cada respiración mientras las garras se cerraban cada vez con mas fuerza sobre el corazón… ella sorbía sus lagrimas desde adentro, ahogando su alma en las lagrimas ardientes, para evitar la quemazón del beso corrosivo de aquellas al salir, sobre la piel…
Entonces las esmeraldas se ahogaron en aquella salada sustancia... entonces las esmeraldas hirvieron en el frío fuego del dolor... mas la inundación no se desborda... el orgullo...¡el maldito orgullo! Es un buen dique...
Llora... ¡llora maldita sea!
Solo así las tenazas desaparecen... pues el calor húmedo de las lágrimas derrite el hielo del dolor...
Llora... ¡llora maldita sea!
Al diablo pues...
Amordaza el orgullo, rompe el dique
Y se libre de sentir el dolor... saboréalo...
la sangre sabe, te guste o no...
Sabes al fin que se inundan tus ojos por tanto ...
Llora por la agonía de todos los días...
de saberlo cerca pero lejos...
de saberlo en movimiento, pero parapléjico para tocarte...
al saberlo parlante, pero mudo para ti...
por la convulsión que recorre tu cuerpo pues no puedes tocarlo...
de saber que nunca lo tocarás....
Llora pues... ¡llora maldita sea!
De saber cuan ciego esta él
Y cuan inválida te hace esa ceguera....
viernes, noviembre 10, 2006
Por: Catalina Otalora Niño
En medio del infernal ruido nocturno y del espeso smog de las calles de Bogotá, en un pequeño parque, en forma de triángulo isósceles, ubicado de manera tal que bifurca una de las principales calles del distrito capital, llora una mujer sentada en una banca de madera podrida cubriendo con sus manos el rostro tratando de ocultar infructuosamente, ante los conductores que pasan sin cesar, el estruendo de su dolido llanto.
Ante esta mujer, de estatura promedio, regordeta y caribonita, una hermosa fuente, vaciada en aparente bronze, ya no emana agua. La esbelta figura femenina (tal vez una mujer amada) parece flotar en la penumbra, iluminada por debajo con una luz fría y verdosa embelleciendo ella el fin de la avenida y el inicio del barrio. Esta pila, desapercibida a la mayoría de habitantes de la ciudad, es un oasis, más bien, un espejismo en medio de la mole de concreto, el hierro retorcido y el ladrillo criollo; es el refugio para aquellos enamorados ilícitos, ancianos olvidados, viciosos justificados, para corazones rotos, extranjeros a la localidad donde la fuente sin agua ornamenta.
Aún con la cara tapada, sin querer mostrar la nariz hinchada y enrojecida por el llanto, la mujer del resquebrajado corazón, ya calma, percibe la fuente acariciada por el frío sereno de la noche. La primera vez que vio aquella figura femenina, eterna voladora, la sintió en el alma de mujer que quizo ser pájaro: Esa era una de aquellas noches de locura psicotrópica, desenfreno sensual, de confesión emocional; Sí, iba con el hombre que le mostró ese remanso pacífico, romántico, apacible. Caía en esa ocasión el agua en rítmico torrente, ligeramente turbia, fría. La condujo de la mano sin siquiera tocársela, sintiendo ella intriga del hombre misterio, de abundante cabellera negra sobre el rostro, regordete como ella, silencioso. Él, lavó la coraza de su corazón con el agua de la fuente invitándola al baño de luna que purificaría su sucia alma… ella accedió y desde ese instante se enamoró del hombre que le disolvió el amargo mugre que ennegrecía su solitario corazón.
Muy inocente y entregada ella, decidió darle a él “algo” de valor equitativo a semejante obsequio – ritual dado noches atrás. Después de pensarlo una y otra vez, su ya limpio corazón era lo único que poseía de tal valía y belleza: fuente de vida, propulsora de vital líquido, cavidad pura latente de inocencia. Decidió dárselo sin respuestas, sencillamente se lo entregaría al hombre capaz de reconocer la más sutil belleza escondida tras la negrura de la ciudad, eso era lo único que necesitaba saber. ¿Y cómo entregó su corazón? Actuó tal y como era: terca, rebelde, tierna, inteligentemente seductora; actuó sus vivencias, amores y desamores, frustraciones, dichas y alegrías, y era malcriada, insolente, neurótica. Una mujer completa, la niña – mujer que todo hombre quisiera poseer para cuidar, acoger, desear, vulnerar. Todas las mujeres son iguales llegó él a pensar, pero no, ella era diferente no por las decisiones que tomaba sino por la manera cómo las vivía . Le podía hacer sentir ganas de patearla por superflua y al mismo tiempo le hacía sentir ganas de someter su intelecto para creerse más sabiéndose menos. Ella le entregó el todo: los berracos traumas, la soledad, la depresión los acogía y los vivenciaba dentro de su corazón para que su amado no pasara por tales desdichas y pesares, le regaló toda la alegría y los triunfos que habían en ella para que en él solo hubiera orgullo sin lágrima ni dolo, tal era su entrega. Él no lo vio, no lo supo entender, solo veía el mal genio de su carácter, su cansada sonrisa. Y a ella no le importó, porque lo sabía hombre, entendía lo abrumador de su posición de pareja sin pretender ser dúo, lo vio sensible y traicionado… precisamente por ello quería su felicidad, así fuera a costa suya.
Recibió el castigo por tan pretenciosa ilusión. Sintió la bofetada, cuando en uno de esos arranques de los que solía tener, la puso en su sitio de manera equívoca. Ella buscaba el regaño abrazado, el sermón jocoso, el seductor fuste… mas encontró el grito feroz, la atroz sacudida, la consecuente mechoneada… ¿Pero ella qué había hecho? ¿ser ella misma? ¿Amarlo sin preguntas? Sintió el puñal trapero una, dos, hasta tres veces clavado a traición por la espalda, hasta partirle su trajinado corazón en dos, pero ella así lo amaba… la mujer recibiría los desprecios, era fuerte para soportarlos siempre y cuando él disfrutara por Ser. Para él, ya era demasiada carga, una que no buscó ni quiso; él, era hombre hambriento después de larga vigilia y ella, era mujer apetitosa demasiado dispuesta… ya saciado de presa, la sobremesa no pretende… sin más, la echó. La mujer lo sintió en el alma, se había burlado de ella con oscuras intenciones, él no entendió que ella vino a este mundo para sentir en demasía, todos sus actos provenían del amor.
Ahora, ya respirando por la nariz, con lágrimas secas que no terminaron el recorrido mejilla abajo, suspira el bonito adorno de la desconocida inspiración de otro, contempla aquella fuente sin agua, mira la mujer seca, de metal y viva luz que vuela sin haber alzado el vuelo, que levita sujeta por el aspersor taponado de hojas secas.